Últimamente siento que existe una presión extraña por convertir todo en algo publicable.
Si vas a un lugar bonito, hay que grabarlo.
Si aprendes algo, hay que explicarlo.
Si compras algo, hay que mostrarlo.
Si tienes una idea, parece que inmediatamente tiene que transformarse en un reel, una historia o una publicación.
Pero no todo tiene que convertirse en contenido.
Algunas cosas pueden simplemente ser vividas.
Guardar algo solo para uno
Me gusta sacar fotografías, diseñar, escribir y compartir cosas en internet.
Pero también estoy aprendiendo que hay momentos que ganan valor precisamente porque no fueron creados pensando en quién los iba a mirar después.
Una conversación.
Una película que te dejó pensando.
Una caminata.
Una idea que todavía no sabes explicar.
Un momento con Dios que quizás ni siquiera necesita palabras.
No todo necesita audiencia.
Crear porque sí
También quiero recuperar un poco esa sensación de crear sin estar pensando constantemente en métricas.
Hacer algo porque me gusta.
Cambiar una parte de esta página porque se me ocurrió otra forma de verla.
Sacar una fotografía aunque nunca la publique.
Escribir un texto aunque lo lean diez personas.
Hay cierta libertad en eso.
Porque cuando cada cosa tiene que funcionar, crecer o generar una reacción, incluso lo que amas puede terminar sintiéndose como trabajo.
Internet puede ser más lento
Quizás por eso me sigue gustando tener un blog.
Aquí no necesito competir con el siguiente video.
Puedo escribir más de tres líneas.
Puedo dejar una fotografía grande.
Puedo guardar una idea y volver a encontrarla meses después.
Este espacio puede crecer lentamente.
Y quizás eso sea justamente lo que quiero.
Menos obligación de producir.
Más espacio para crear, pensar, creer y disfrutar.
Porque algunas de las mejores cosas de la vida nunca necesitaron convertirse en contenido.
— Camilo Latorre
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